Clásicos de la Antigüedad
Regateo
[Uno] llamó al sacristán
y le dijo : —¿ Cuánto quiere
vuesarced por enterrarme?
El dijo, supon…
Las cerezas
A Rubén Darío
Cuando yo sumaba apenas trece años, ya la adolescencia había ceñido a la blanca frente de m…
Acuarela
Primavera. Ya las azucenas floridas y llenas de miel han abierto sus cálices pálidos bajo el oro del sol. Ya los gorriones tor…
El hermano limosnero
Según habréis oído decir, Certaldo es una población del valle de Elsa, que depende del Estado de Toscana. Aunque…
Eveline
Eveline está a punto de dejar su país, Irlanda, para emigrar a través un viaje por barco en compañía de s…
La que envejeció tres veces
Aquella mujer había sido madre de tres hijas: de tres hijas hermosas que reproducían sucesivamente la imagen de su belleza ori…
La inscripción del Faro de Alejandría
El primero y más grande de los Tolomeos se propuso levantar, en la isla que tiene a su frente Alejandría, alta y soberbia …
La dentadura
Al recibir la cartita, Águeda pensó desmayarse. Enfriáronse sus manos, sus oídos zumbaron levemente, sus arteria…
Los ojos pardos
Hay recuerdos que nunca,
pierden su encanto,
aunque el lloro los borre
de tristes años.
Así acaricia
…
David Copperfield
Segunda parte de la vida de David Copperfield contada por él mismo.
La niña mimosa
—¿Estás?
— Sí, corriendo.
Y corriendo, corriendo, azotando las puertas con sus vuelos de seda, desde el tocador al gabi…
Griselda
Voy a contar de un marqués no una cosa magnífica, sino una solemne barbaridad, aunque terminase con buen fin; la cual no acons…
Peer Gynt
Este sentimiento de la vida que se acerca a su término, sin haber llegado a convertir, una vez, en cosa que dure, fuerzas que ya no…
Historia triste de siete besos
Me parece que fue hace algunos años, cuando un día llamó Dios al arcángel Gabriel y le dijo: Abre una de las ven…
Un funcionario
Tendido de espaldas en el camastro y siguiendo con vaga mirada las grietas del techo, el periodista Juan Yáñez, único h…
Atrás la flaca
Al viento se encomienda, al mar se entrega,
conjura un áspid, ablandar procura
con tiernos ruegos una peña dur…
El asno y el cochino
Señor Juan de Silva, escuche:
Crió un villano en su casa
un cochino y un jumento.
Al cochino regalaba
…
El espejo de la muerte
¡La pobre! Era una languidez traidora que iba ganándole el cuerpo todo de día en día. Ni le que daban ganas para …
A una dama bizca
Si a una parte miraran solamente
vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran?
Y si a diversas partes …
El maniquí
Nueve años habían transcurrido desde que Luis Santurce se separó de su mujer. Después la había visto envu…