Crítica Literaria
La venta de los gatos
I
En Sevilla, y en mitad del camino que se dirige al convento de San Jerónimo desde la puerta de la Macarena, hay, entre otros vent…
La tela de araña
No puedo sufrir la visla de una tela de araña. No es la aversión a la suciedad la que me inspira este horror. Otras cosas m&…
Biografía breve
Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas, más conocido como Francisco de Quevedo, nació en Madrid…
El caso de la señorita Amelia
I
Que el doctor Z es ilustre, elocuente, conquistador; que su voz es profunda y vibrante al mismo tiempo, y su gesto avasallador y misterios…
El cadiceño
Allá lejos, por el camino que blanquea entre los viñedos y maizales, veo aparecer, como caballeros con lanza en ristre, dos h…
Ciudad
Un llanto,
un llanto de mujer
interminable,
sosegado,
casi tranquilo.
En la noche, un llanto de mujer me ha de…
La promesa
Mateo de Zalbidea y Pérez era un hombre como los demás, y no es poco ser.
Digo que este Mateo se había enamorado a los…
Un obispo en el atolladero
Resulta bastante curiosa la idea que algunas personas piadosas tienen de los juramentos. Creen que ciertas letras del alfabeto, ordenadas de…
El casarse pronto y mal
Así como tengo aquel sobrino de quien he hablado en mi artículo de empeños y desempeños, tenía otro no ha…
Una mentira
Volvió a su casa ya en la madrugada.
Metió cautelosamente el llavín en la cerradura, con miedo de que ella pudiese esta…
El converso
Entre Dios y yo todo ha quedado resuelto desde el momento en que he aceptado sus condiciones. Renuncio a mis propósitos y doy por te…
El lujo
La tenía sobre mis rodillas dijo el amigo Martínez, y comenzaba a fatigarme la tibia pesadez de su cuerpo de buena moza.
Dec…
La vestal
El penitente habló así:
«Su padre le había dado este nombre. Era una mujer de treinta y cinco a&nti…
La sombra
Porque el que se ensalzare será humillado, y el que se humillare será ensalzado.
(S. Mateo, v. XII, c. XIII.)
Hab…
La amortajada
Ahora sólo queda, cerca de ella, el marido de María Griselda.
¡Cómo es posible que ella también llame a su…
Ella
Cuando Ella murió después de largas semanas de agonía y morfina, de esperanzas, anuncios tristes desmentidos con viole…
La enemistad de las cosas
Arqueó su boca al bajar los ojos sobre la tricota azul que llevaba puesta. Desde hacía días, una aprensión inme…
El padre Rosell
Hoy, cuando ya veo terriblemente cerca
las fronteras de la senectud, viene a mi recuerdo este episodio que cambió la orien…
La gota de agua que no quería perder su "individualidad"
Por la noche, en el verano, a partir de las doce pueden regarse los tiestos.
Se supone que a las doce –y se supone mal– nadie pasar…
El sombrero del cura
Gracias a los buenos puros, los buenos licores y al calor y la gracia de la conversación, se fue animando la gente, y a poco de haber…